Yerbas seleccionadas de pequeños productores

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Historia del mate

2–3 minutos

La increíble historia de la yerba mate: del misterio jesuítico al encierro de un científico y el renacimiento del cultivo

Si hoy disfrutamos de unos buenos mates cada mañana, es gracias a una historia digna de película que combina expediciones secretas, científicos encarcelados, misiones en la selva y una lucha de años para lograr que la semilla de la yerba mate volviera a germinar.

El misterio tras la expulsión de los jesuitas

Todo comenzó a principios del siglo XVII, cuando los sacerdotes jesuitas iniciaron el cultivo sistemático de la caá mate (llamada caá por la planta y matis por la calabacita que usaban los indígenas para beber) en sus reducciones.

Sin embargo, en 1769 los jesuitas fueron expulsados de la región que hoy comparten Argentina, Brasil y Paraguay. Con su partida, los yerbales cultivados quedaron abandonados y el consumo de la infusión aromática decayó fuertemente en toda la zona.

El botánico francés que terminó preso ocho años

Medio siglo más tarde, el célebre naturalista francés Aimé Bonpland viajó a Sudamérica con un claro objetivo: estudiar de cerca los secretos de esta planta.

Pidió permiso para ingresar a los yerbales de Paraguay, pero las autoridades de la época, temerosas de perder el jugoso monopolio comercial que tenían sobre el producto, lo tomaron prisionero. Su enorme curiosidad por la flora autóctona del Nuevo Mundo le costó más de ocho años de encierro y confinamiento. Recién recuperó su libertad en 1829, gracias a la presión diplomática de su colega Alejandro Humboldt y del gobierno de Francia.

El milagro de la germinación

Durante mucho tiempo se creyó que la semilla de la yerba mate era imposible de hacer germinar fuera de su hábitat natural o sin el misterioso trato que le daban los antiguos pueblos originarios y jesuitas.

El gran mérito de romper ese mito fue para Federico Naumann, quien en 1901 logró por fin que las semillas germinaran y prosperaran bajo cultivo en la colonia de Nueva Germania, en Paraguay.

El regreso triunfal a Misiones

A partir de ese gran avance, el camino quedó abierto. En nuestro país, la primera plantación racional y a gran escala se realizó apenas dos años después, en 1903.

¿El escenario elegido? Nada menos que Misiones, la misma tierra roja donde, tres siglos atrás, los padres de la Compañía de Jesús habían enseñado a cultivar la planta sagrada. Así fue como nació el primer yerbal cultivado de la Argentina, asegurando que nuestra infusión más querida llegara para quedarse en cada hogar.

Texto adaptado de un fragmento – Gran Libro de la Cocina Argentina – Diario la Prensa 1974

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